Una semana después de que Mama Belki muriera, mi madre
dejo la casa para irse a la fuga con la costosa sabana de herencia que había
dejado mi abuela para todos sus hijos. Mama Belki siempre había cuidado con
toda su alma esta sabana, ya que estaba hecha de una tela muy especial que
nadie nunca había visto. Mi tía Catalina, quien consideraba más mi madre que mi
propia madre, estaba histérica ya que la sabana se suponía que debía quedarse
con ella, porque ella era la preferida de Mama Belki y así lo hubiera querida
ella. Así que para hacer sentir a mi tía mejor y evitar que le diera un infarto
por sus nervios, me propuse encontrar a mi madre y quitarle la sabana.
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